Article publicat al quinzenal Diagonal, núm. 163 (DiagonalEjes)
Es por todas
sabido que PP y CIU no ganan la cita electoral del 20N sino que la pierden los
socialistas y, en cierta manera, la izquierda en general. Una parte importante
del electorado del PSOE se ha visto incapaz de apoyar a una fuerza política que
desde mayo de 2010 solamente ha sabido obedecer a los dictados de los mercados.
El futuro de este partido es una incógnita, pero en este artículo no me
centraré en la cuestión. Me interesa plantear a modo de autocrítica el hecho de
que en un escenario de excepcionalidad como el actual, desde posiciones
transformadoras y de izquierdas, no hemos sido capaces de construir unidad, de
forzar una estructura de oportunidad política, de provocar nuevos escenarios - también
en el ámbito institucional- para poder contener el desmoronamiento del estado
del bienestar y del mismo estado de derecho garantista. Utilizo el término
izquierda en este texto para referirme a todo aquello que se sitúa más allá del
PP-PSOE-CIU-PNV. Advertir, antes de continuar, que no niego que una parte
importante del electorado socialista, así como de sus dirigentes, sea de
izquierdas; tampoco afirmo purezas ideológicas en el amplio espectro que
dibujo; ni me olvido que la política se hace dentro y fuera de las
instituciones.
Juego a un eje. Ley electoral bajo sospecha
Las
elecciones nos dejan un panorama realmente desolador. Una distribución no muy
lejana a la que teníamos en el 2000, cuando el PP alcanza la mayoría absoluta y
se desarrolla la dura legislatura conservadora. Aunque la situación no es la
misma. Ahora vivimos una importante crisis económica y un intento de cambio de modelo
(como ya expuse en el Diagonal núm. 160). Además cabe decir que existen dos vectores
que operan cada vez con más fuerza: la crítica al bipartidismo y la desafección
en la clase política. El reflejo en los datos electorales es débil pero
constatable: aumento del voto nulo, blanco y abstención; así como también el
crecimiento en número y apoyo a los partidos minoritarios de la cámara. Y, como
no, las demandas ciudadanas a favor de una modificación de la ley electoral
cada vez más numerosas, aunque en mi opinión no siempre bien orientadas.
Conviene
recordar que es el tamaño de las circunscripciones (provincia) y el peso que se
ha dado a cada una de ellas - y no la ley de Hont (aunque existen mejores
métodos de reparto de escaños)- lo que provoca que solo sean tendencialmente proporcionales
las circunscripciones con muchos habitantes, a la vez que las circunscripciones
pequeñas están sobrerrepresentadas. Y se concreta en dos efectos
diversos: se premia el voto concentrado, y el sufragio en áreas
rurales tiene mayor peso. Esto es cierto pero la solución no puede ser la
unionista propuesta de circunscripción única. Un sistema electoral, y más en un
estado compuesto, tiene que combinar la lógica poblacional con la de
representación territorial. Unas circunscripciones de tamaño nacional y/o
autonómico provocarían un efecto proporcional y respetarían la diversidad
territorial; y, si se considera oportuno, se le podría dar más peso que el
actual a las áreas urbanas y muy pobladas. Además, aunque la ley electoral es
criticada básicamente por el efecto mayoritario que provoca, esta también
podría ser puesta en duda por el reforzamiento de los aparatos de partido en el
juego institucional; y, en este sentido, el mediocre papel de la clase política
actual.
Y aquí
llegamos a otro tema. Conociendo el sistema electoral con el que operamos, aún
es más irresponsable la división de voto por la izquierda. En el Estado español
han concurrido Izquierda Unida y
Equo compitiendo por el mismo espacio electoral, a parte de los grupos
extraparlamentarios varios que se presentaban. Es cierto que las dinámicas que
impone el PCE en el marco de IU dificultan un posible crecimiento y pluralidad
dentro del partido y de su espacio de apoyo electoral, pero también lo es que
la irrupción de Equo casi de la nada no es la mejor manera de construir frentes
amplios. De nuevo los intereses de los aparatos de partido se sitúan por
delante de los intereses electorales y políticos. Cabe decir que los 11 diputados
de IU suponen un importante crecimiento respecto a las elecciones de 2008, pero
quedan lejos de los 21 escaños que se obtuvieron con Anguita en 1996. Debemos
reconocer que es un mediocre resultado, y más si tenemos en cuenta que estamos
frente a una situación de debacle socialista.
Juego a dos ejes. Alianzas amplias y
pluralidad
Pero en este
punto no se agotan las dinámicas políticas que se experimentan en el Estado
aunque algunos actores - también desde los movimientos sociales y en concreto desde
el 15M - se empecinen. En los Països Catalans, Euskal Herria y Galiza entra en
juego el eje nacional que hace más complejo el mapa político y electoral. Las
interpretaciones sobre estas naciones no pueden realizarse desde la anterior
óptica si de verdad quiere comprenderse su realidad política y partidista. Todo
aquello que está a la izquierda del PSC/PSE/PSG tiende a tener también sensibilidad
por las reivindicaciones nacionales periféricas; respuesta antiautoritaria al
Estado.
Los buenos
resultados de Amaiur suponen una consolidación del proceso de paz en Euskal
Herria pero sobretodo una lección de política para los espacios transformadores.
Tejer una coalición con todo aquello que se sitúa a la izquierda del PSE y PNV
ha supuesto la construcción de una estructura de oportunidad política, ha
servido para dar la vuelta a la situación dada y construir nuevos escenarios
políticos. Está claro que la apertura de un escenario sin ETA ha facilitado el
crecimiento a la coalición, pero también ha sido fundamental la creación de
este nuevo punto de partida amplio y plural. En los Països Catalans y Galiza
este espacio de izquierdas y no unionista también existe, aunque aún no se ha
articulado un cimiento social que le de unión, vitalidad y fuerza. Cabe
reconocer que se están llevando a cabo procesos interesantes de confluencia en
el País Valencià con Compromís (Bloc+Iniciativa) y en Balears (PSM+Iniciativa).
En Catalunya los intereses partidistas aún constituyen importante barrera entre
ERC e ICV-EUiA -la primera con algunas tensiones hacia la derecha, la segunda
hacia el unionismo-, y también para ir más allá y encontrarse con otros
espacios políticos transformadores no estrictamente de partido.
En este sentido,
las incursiones centralistas son peligrosas (estatalistas, pero también
intervencionistas desde el Principat). Los intereses partidistas, en este caso
de IU y Equo, y en menor medida de ERC, pueden tensionar estos espacios de
unidad que solo pueden entenderse desde la óptica nacional. En el caso de los
comicios estatales y en la constitución de grupos parlamentarios es interesante
sumar fuerzas, siempre que se haga desde la pluralidad y el respeto. Así pues,
IU debería tomar nota de que los territorios dónde suma más diputados y voto es
donde menos influencia ejerce el aparato del partido: Asturias, Zaragoza y
Barcelona. Y Equo debe comprender que el único sitio donde obtiene
representación es donde existía una dinámica previa que tiene un recorrido
histórico considerable (Valencia, y por poco, Baleares).







